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RUTA DE LAS LAGUNAS DE TSAUTSINA

Posteado por Casiaventurilla julio - 26 - 2008 1 Comentario

Situada en el concejo de Cangas del Narcea (Asturias), forma parte también del Parque Natural de las Fuentes del Narcea, Degaña e Ibias.

Es una ruta lineal de senderismo  y no marcada que parte desde la escondida aldea de Riomolín y sube hasta las lagunas cruzando bosques de gran belleza. Una excursión muy recomendable donde la frondosidad de la zona nos abre el paso hasta vegas de una paz y belleza notable. Caminamos por caminos y sendas de montaña, encontrando una fuente cerca de las lagunas, además de la que hay en Riomolín. Una ruta que a pesar de no estar marcada, no entraña ninguna complicación de seguimiento.

Para llegar hasta Riomolín, debemos desviarnos a la altura de la Pachalina (en la carretera del puerto, desde Cangas del Narcea a Leitariegos). Pasaremos las poblaciones de Miravalles, Villager y Vegameoro donde en esta última tomaremos una pista en buen estado hasta Riomolín, para comenzar nuestra excursión.

Comenzando en las afueras de Riomolín, encontraremos una fuente nada más salir del pueblo y en un camino que recorre el margen geográfico derecho del río Molino. Entre muros de piedras damos los primeros pasos, recordándonos a las corredeiras de Galicia.

Poco a poco el camino nos guía subiendo junto al río, pasando alguna barrera de madera que impide el paso del ganado, teniendo la precaución de volver a cerrar. Algunos tramos de abundante vegetación nos acompañará con multitud de avellanos. El desnivel se hace más acusado divisando la cascada Ruxidora a nuestra derecha, al otro lado del río, y entre la frondosa vegetación.

Pasamos bajo la Peña Tuerta, cruzando húmedos bosques de hayas y un pequeño pero bonito acebal antes de salir a una preciosa vega solitaria, la del Garachal donde nos vemos “obligados” a detenernos y contemplar la belleza del lugar.

Cruzando la vega por el centro, encontramos una senda que señalizamos con una fita de piedras en su inicio. Nos vuelve a adentrar en un bonito bosque para que salgamos de él y entre arbustos, subamos buscando un poco el margen izquierdo para encontrar una fuente.

 

Llegamos a una amplia vega donde encontramos dos cabañas de pastores.

Las lagunas, situadas en este tranquilo entorno se ven acompañadas de las tan habituales vacas que rompen el silencio absoluto con el sonido de sus cencerros.

 

De vuelta podemos elegir entre volver por el mismo trazado, ó variar ligeramente el recorrido. Podemos optar por bajar hasta la fuente y seguir por la senda que encontramos por encima de ella. Veremos que nos unimos a varios senderos que hacen las vacas, pero debemos seguir la dirección hasta situarnos por debajo y a la izquierda de unas paredes rocosas, donde encontraremos la cueva del Moro.

La senda se sitúa por encima de la vega del Garanchal, donde bajaremos para seguir ya el mismo trazado por el que subimos anteriormente y llegar a Riomolín.

  • Fecha de la excursión: 2-7-2008
  • Tipo de ruta: Ruta lineal
  • Nivel de dificultad: Bajo
  • Longitud: 6’2km (ida)
  • Desnivel acumulado de subida: 780mts (ida)
  • Desnivel acumulado de bajada: 348mts (ida)
  • Tiempo en movimiento: 2h15′ (ida)
  • Tiempo Total: 3h (ida)
  • POR VUESTRA SEGURIDAD ES MUY IMPORTANTE QUE LEAIS ESTO

 

Podéis ver con Google Maps el punto de inicio de nuestro recorrido senderista situado en la aldea de Riomolin


Ver Riomolín en un mapa más grande

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Llegar hasta Riomolín ya en sí es del todo recomendable. Carreterillas sinuosas bajo la frondosidad de los bosques, cruzando algunas pequeñas aldeas, todo un placer recorrerlas con parsimonia.

Viendo el entorno en el que nos íbamos a mover, nos hizo tener buenas vibraciones, y así fue. Todo el camino acompañados del verde insistente y de arroyos y torrenteras que denotaban generosas lluvias anteriores.

Unos camuflados rebecos bajo la Peña Tuerta, estudiaban nuestros movimientos, a lo que respondimos también al descubrirlos con un conteo de varios individuos. Un fuerte desnivel del camino nos exigió un esfuerzo extra y a la bajada nos puso a prueba las rodillas.

Internarse en el bosque del Garanchal fué todo un gustazo, el hayedo plagado de líquenes nos hizo creer en los bosques encantados y al salir a la luz nos regaló con su preciosa y solitaria vega.

Amplias vistas obtuvimos desde el alto donde están las lagunas y acompañados de numerosas vacas y un perro pastor bastante miedoso nos resguardamos junto a la pared de una de las cabañas, para dar cuenta del momento “jamón”. Una pena el estado en que se encuentra el interior de estas cabañas, pudiendo ser un perfecto lugar para usarlo como eventual refugio.

Después de jamonear decidimos darle a la excursión una ligera variante, caminado por la ladera de la derecha y pasándonos de unas sendas a otras ya que las vacas han hecho cantidad de ellas, fuimos a parar bajo de la cueva del Moro. Chimo subió para inspeccionar la entrada pero se necesitan buenas linternas para adentrarse, así que proseguimos la marcha hasta bajar de nuevo a la vega.

Nada mas llegar a Riomolín preguntamos a una señora donde podíamos comer por la zona, y una de las opciones que nos propuso fue ir a la población de Las Mestas, allí veríamos en la carretera un par de restaurantes. Entramos en el bar-Restaurante Mª Luisa, donde tienen menús del día a un precio muy razonable. Buscábamos comidas tradicionales de estas tierras pero este no fue el día idóneo para comer allí, aunque la comida era variada y bien elaborada. Al preguntarle a Geli que es la dueña y cocinera, nos pidió perdón porque por motivos de fuerza mayor no pudo esmerarse en las comidas, así que quedamos con ella que en un par de días haríamos una excursión por la zona y volveríamos allí, esta vez para que nos preparara algo más tradicional… pintaba bien la cosa. Hay que decir que este tipo de comidas las suele hacer los fines de semana o por encargo. Las expectativas se cumplieron con creces, tanto por la comida como por el trato.

Fotos

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One Response so far.

  1. Anonymous dice:

    ¡Esta es la buena!, ¡qué pasada!, como decidimos denominarla tras muchos momentos de asombro ante tan tupida vegetación y preciosos bosques llenos de helechos y líquenes… ¡quina animal-lá!, vale la pena el esfuerzo de subir esas cuestas empinadas,( ¡puta manía de hacer las montañas cuesta arriba!), el frío del dia acompaño y la sensación gratificante de encontrarte allí arriba tan solo con la compañía de las vacas, que se arremolinaron junto a la cabaña donde almorzamos, era una experiencia maravillosa acostumbrados al tumulto de la capital. Vale la pena la semana tan solo por esa ruta.


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